jueves, 15 de septiembre de 2011

Entrada 18: Algo ha cambiado dentro de mí

Quizás titular una entrada con una canción del gran Pappo puede ser contraproducente, porque se puede esperar mucho de esto, y la verdad, solo hay carencias.

¿Y ahora que hacemos? No se. Pero podría ser peor. No se, recuerdo a ese amigo que hace un año era un tipo simple, que aparentemente sabía lo que quería, y que parecía que se iba a llevar al mundo por delante. Si, accidentalmente se encontraba fuera de todo, pero sabía que era una situación muy temporal. Y a pesar de algunas tendencias de no interesarle mucho la salida, se llevaba bien con la gente.

Dios sabrá que pasó. Lo veo frustrado, triste y enojado, cansado por sobre todas las cosas. Pero no es un cansancio físico (por cierto, dejó de jugar al fútbol), sino mental. Y me atrevo a decir que pese a que sus pensamientos se generan en el cerebro, toda su confusión proviene del otro “órgano más famoso”. Algo cambió en mi amigo, como si dentro de él se hubiera desatado una guerra civil, y hubieran ganado los malos (¿nazis, rusos acaso?).

Que personaje era mi amigo, un tipo tímido pero que podía ser el centro de la atención por un rato. Un tipo inteligente, que sabía “poco de mucho”. Un tipo con ganas de hacer cosas. Con sueños e ideales. Ideales que llamaban la atención. Porque a pesar de su juventud y de algunas juntas, él sabía lo que quería, y también lo que debía hacer. “No le hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti” me supo decir más de una vez, y cuanta razón tiene. No se que le está pasando.

Que personaje era, es y será mi amigo, pero que poco valorado que está. No puedo explicar porque. Vivo escuchando quejas sobre la gente. Y escucho a las personas decir las cosas que pretenden de los otros. Puedo afirmar que mi amigo posee un alto porcentaje de esos “requisitos”. Ahora yo les preguntaría, “si tanto piden esas cosas, ¿que hace mi amigo acostado en su cama, mirando el techo, sufriendo en el más miserable silencio?”, pero seguramente no obtendría respuesta.

Ahí yace inmóvil mi viejo amigo. Solo y triste. No lo puedo creer. Parece que nadie lo escucha, nadie se da cuenta de sus silenciosos gritos de ayuda. Quién supo ser un tipo hilarante ya no ríe. Y con la mirada perdida, piensa como puede solucionar sus problemas. Pero no logra resolver el acertijo. Tengo esperanzas de que lo hará, y de que volverá a ser el mismo tipo que hace un año parecía que se iba a llevar al mundo por delante.

Lo espero por mi bien.

PD: Recomiendo leer “Otro hombre murió de pena”, de Pedro Noli.

No hay comentarios:

Publicar un comentario