sábado, 10 de diciembre de 2011

Entrada 28: Periplo

Algo no estaba bien, y muchos lo sabían. Pese a ello, preferían hacer como si nada pasara. Yo también, trataba de evitar los pensamientos que se relacionaran con todo esto. ¿Pero como? Algo no estaba bien, no sabía que era, y no quería saberlo en realidad. ¿Que pasaría si lo descubría y eso no hacía más que empeorarlo?

Quizás seguir en el mismo lugar era malo. Quizás empezar de nuevo era lo ideal. Perfecto, irme lejos. Había mucho que analizar. Por unas cuantas cuestiones tenía que abandonar todo lo que había conseguido. No era mucho, pero lo adoraba. Pero muy dentro de mi sabía que era la única solución. Quizás 12.000 kilómetros sanarán todo.

Familia, amigos, debo dejarlos, es el precio a pagar. Pero algo no estaba bien y debía hacer algo, no podía seguir así. Armar valijas y cruzar el océano, a una isla de hielo remota, con promesas de prosperidad en una región en crisis. Una isla que parece aislada de la corriente, donde muchas cosas parecen estar bien. Un idioma totalmente nuevo. Un clima muy diferente. Lejos de mi origen. Parecía ideal. Pero las ideas no se matan, ellas también vinieron conmigo.

Entre tanta nieve, uno piensa mucho. Que dejó atrás, para que y porque. Pero ya estaba todo hecho. Lejos de todo, en una isla en donde no nací. Pero tenía que resurgir. Lo logré. Una linda muchacha me ayudó. Una vez que superé la barrera del idioma, supe que era tiempo de comenzar el renacimiento, y ella fue la elegida. Que haya aceptado es algo que nunca voy a entender, pero que no me quiero preguntar tampoco. Era feliz con ella, pero también pensaba en lo lejos que estaba de casa. Cuando pase algún tiempo podré volver, pero no quería alejarla de su hogar, no quería que pasara por lo que pasé yo.

Años después, con la vida reconstruida, decidí volver a casa. Solo por unas semanas. Todo estaba bien. Se alegraron de verme, y eso me animó mucho. Pese a que en la isla de hielo todo marchaba bien, esas semanas en casa fueron las mejores en mucho tiempo. Y las ideas que nunca pude matar se empezaron a preguntar cosas, a plantearse otras.

Cuando volví a la tierra del frío, la cabeza me daba vueltas. No sabía que hacer. Las razones que me trajeron acá ya no eran problemas, o al menos eso parecía. ¿Porque sigo acá? Quiero volver. Vamos. ¿Ella querría? Ella no me diría que no, ¿pero lo querría? Si, me dijo que si, yo me alegre, a ella la noté feliz por mi, pero con una intranquilidad de no saber que le esperaría. La tranquilicé y le prometí que todo saldría bien.

Volví a casa. Ella no aguantó mucho, y yo no quise ceder. Lo mejor que me pasó en mucho tiempo se alejó de mi, y no supe más de ella. Nunca quise regresar a la mencionada isla, a la que estaré eternamente agradecido. Estaba en casa. Nuevamente solo, pero en casa. Nuevamente, la hora del resurgimiento. Todo era distinto, pero parecido en las cosas que me molestaban. Pero yo ya tenía otra forma de ver las cosas, y no dejé que me afectaran.

Y conocí muchas mujeres, y ninguna llenó mis vacíos. Lo mio no era un capricho, era haber conocido a una mujer que me dio vuelta el mundo, que ante su no me hizo emprender un viaje de miles de kilómetros. Y tan joven que yo era. ¿Y valió la pena? No. ¿Y que pasará? No se. Aquí me encuentro, en este oscuro rincón, pensando que mierda hacer... Cuando lo sepa les digo. Quizás escriba un libro con las soluciones al final. (?)

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