sábado, 26 de mayo de 2012

Entrada 49: Pueblo

Una vez, cierto gobierno decidió digitalizar lo más que se podía. La mejor manera era regalar computadoras. Lo más práctico era notebook, porque en realidad era la moda. Instalaron Internet en todo el territorio y empezaron a repartir las maquinas.

Estas llegaron a un pequeño pueblo alejado de la capital. Cada casa tenía una notebook. La gente no estaba muy emocionada. Sabía que era algo inútil, ellos no tenía luz. NO TENÍA LUZ. Durante unos días, todos disfrutaron de las maravillas de la computación y de Internet, pero la tragedia era invevitable, y las baterías se agotaron. Sin energía para cargarlas, quedaron obsoletas. Las usaban de pisapapeles, de abanico, de adorno.

Un habitante que tenía un carro y un caballo tuvo una idea genial, después de todo, era el creativo del pueblo (por eso tenía carro y caballo). Por algo de dinero, cargó las notebooks y las llevó hasta la capital para cargarlas. Estás volvían con la batería al 100%. Hacía un viaje diario hacía la ciudad más importante, en donde no podía creer esta historia. Rápidamente amasó una fortuna, dentro de los parámetros de un pueblo sin luz. Compró macetas nuevas, remodeló la entrada de su rancho y hasta adoptó un perro y le daba de comer todos los días. Al año fue elegido jefe de comuna. La política no era lo de él. Hizo lo que pudo, la corrupción era mucha, algo insospechado. Finalmente consiguió un poste de luz y renunció al otro día. No le interesaba más. Se fue a su casa y vivió el resto de sus días con una jubilación más alta que el salario promedio del pueblo. El perro murió de obesidad y algunos niños andaban descalzos jugando al fútbol en la tierra. Pero podían hacerlo de noche. Y eso les bastaba.

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