sábado, 20 de abril de 2013

Entrada 109: Suiza alterna

Despertó en medio de la noche y tuvo la necesidad de abrir la puerta, a pesar de no haber escuchado ruidos. Nunca sabremos si hacerlo fue un error o no, pero al hacerlo, encontró una situación muy poco habitual. Ya no estaba el tradicional pasillo verde claro ni la alfombra ni la mesita de luz donde estaba ese feo portaretrato. No, había un interminable exterior.

La noche cubría todo ese exterior. Parecía ser campo, bastante lúgubre, pero la oscuridad lo disfrazaba bastante, se lograba distinguir algunas cosas igualmente. Parecía que había sido sede de una gran batalla donde todos perdieron. Parecía ser un lugar sin sueños. Empezó a caminar por un camino de piedras.

Al llegar a la primera rotonda, decidió sentarse en el piso. No hacía ni frío ni calor. El silencio era total. Ni siquiera un insecto perturbaba la tranquilidad reinante. Bastante aburrido. La sensación de que cualquier cosa que se hiciese no modificaría nada. No estaba equivocado. Era un punto de no retorno.

Volvió a través de sus pasos y encontró la puerta por la que ingresó a este mundo. Lo miró fijamente y entendió que era una tontera intentar algo allí. Volvió a su habitación a dormir. Al día siguiente, al abrir la puerta, estaba de nuevo el pasillo, la alfombra y el portaretrato. El campo era pasado. Superado. Que sujeto afortunado.

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