domingo, 26 de octubre de 2014

Entrada 169: Jesús

En el Imperio Romano, todos los delitos se castigaban igual, con la crucifixión. Y dicho Imperio era muy grande, estaba en todos lados, como las moscas.

La suplantación de identidad también era un delito en aquellos años, y el primer caso del que se tiene registro en el que hubo condena por ello fue:

-Soy el rey de los judíos.
-¡Oigan! Ese hombre se hace pasar por el rey.
-No tenemos rey, tenemos emperador, pero si, ¡está mal lo que hace!
-El emperador Tiberio seguro estaría furioso.
-¡Arresten a ese hombre!
-Pero les digo que soy el rey de los judíoooooosssssss

Más tarde ese día...

-Señor Poncio Pilatos, ¿que hacemos con este suje...?
-Crucifiquenlo.
-Pero no le dijimos lo que hizo.
-No importa, seguro no hizo nada malo, pero andamos flojos estadísticamente.
-Ok.
-¿Que es ok?
-Una expresión de Bretaña.
-Crucifiquenlo a él también. Ah, el emperador estará orgulloso de mi decisión. Pasame el teléfono... 001...8...43...9...777...32 10...10...10...32 10... 44... ¿Hola? ¿Tiberio? ¿Como te va? No sabes, acabo de mandar a crucificar a un tipo sin saber que delito cometió... ¿Que es peligroso eso? Pero no, por favor, total, de acá a seis meses nadie se va a acordar de este muchacho...

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