viernes, 2 de enero de 2015

Entrada 171: El dilema de Juan

Nunca pensé en los acontecimientos que sucederían por ir a la casa de un amigo a comer un asado un jueves a la tarde. Se comió bien, hay que reconocerlo. Pero en la sobremesa, alguien sugirió ver videos por Internet. Es 2015, pero igual se puede hacer aún. Después de 20 minutos de videos de humor que en realidad ya todos habíamos visto hace años (el riesgo de ver videos en 2015, usted vio), de alguna manera apareció un clip de los mejores momentos de cierto programa de la televisión pública.

Algunos empezaron a rodar en el piso de la risa. Yo también fui al piso, pero porque me desmayé. Real. Desperté en el hospital el sábado a la mañana. Que cosa fea los hospitales. En fin, me dijeron que esperara a que llegara el doctor, que me daría el diagnóstico. Suponíamos todos que el doctor me daría el alta. Cuando llegó, me dijo que tenía viruela. "¿Usted tiene viruela, doctor?".

-No, usted la tiene.
-Pero doctor, la viruela está erradicada desde no se que año...
-Si, pero hay una manera en la que se reproduce igual, no es contagioso para los demás igualmente. Le decimos viruela para abreviar, pero en realidad es una mutación del virus original.
-¿Pero cual la manera para contagiarse?
-¿Acaso usted estuvo viendo cierto programa de la televisión pública?
-Si, mis amigos se pusieron a ver sus mejores momentos por Internet el otro día...
-Ah... No son muy graciosos... La cosa es que ver este programa de la televisión pública te provoca viruela.
-Oh... Claro, tiene sentido... ¿Tiene cura?
-Si, una operación sencilla, pero es vía anal.
-¿Porque?
-Porque si.

La operación fue un éxito y me curaron de la viruela, pero claro, quedé dolorido por la introducción de materiales de operación por el culo. Me dijeron que haga reposo 21 días, y luego volvería a la normalidad, pero que nunca más viera a este programa de la televisión pública ("no será muy difícil", pensé).

Ibamos por el día 16 del reposo, cuando Córdoba se vio sacudida por un temblor. Justo estaba saliendo del baño cuando empezó a temblar todo. En ese momento, perdí el equilibro y comencé a caer hacía atrás. En el intento de evitarlo, comencé un revoleo de brazos bastante ridículo, que dio como resultado pegarle a la biblioteca. Claro, esta se estaba moviendo bastante por el temblor, así que mi golpe lo único que hizo fue terminar de tirarla. Claro, a todo esto, yo ya estaba en el piso.

La biblioteca cayó sobre mi, me lastimo todo, y tuve que volver al hospital. Solo estuve un par de horas dormido. Cuando desperté, había un hombre a mi lado. "Juan, ¿podes hablar?". Le dije que si. Inmediatamente, corrió hacía la puerta y gritó: "¡Está consciente, está consciente!". En ese mismo instante, entraron miles (?) de periodistas, camarógrafos, microfonistas, y algún que otro productor. ¿Eh?

-¡¡¡Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan...!!! (todos decían mi nombre)
-¿Que?
-¿¡Como te sentís tras haber sido atacado por la imprenta!?
-¿Que? ¿Como? ¿Ah?
-¡Se te cayeron decenas de libros de una biblioteca durante el temblor!
-Si, lo recuerdo...
-¿¡Y como te sentís!?
-Golpeado...
-¡Golpeado por la imprenta, Juan Rueda se recupera, en vivo desde el hospital...!
-¿Por la imprenta?
-¡Si, te cayeron decenas de libros!

Quizás a usted le parezca una boludez. Bueno, imaginesé yo, recién despierto, internado, rodeado de periodistas (¿porque gritan todo el tiempo?), diciendomé que fui atacado por la imprenta. Cuando me dieron el alta (con 21 días más de reposo), la televisión solo hablaba del tema. Del peligro de la imprenta. De lo hijo de puta que fue Johannes Gutenberg por crear una obra tan malévola, sin tener en consideración la salud de las personas. Miles de análisis de expertos de algo sobre los peligros de la imprenta. Los ataques que habían sufrido algunas personas por lo que decía la imprenta. Las bacterias mortales que había en el papel.

Yo no entendía muy bien que pasaba, pero a los tres días un abogado se presentó a mi puerta, diciendomé que tenía que demandar a las imprentas, a los herederos de Gutenberg, y a otras personas más que no se que tenían que ver, entre los que estaban Martina Stoessel y la Presidencia de Uruguay, por alguna razón. Antes de que pudiese decir que no, los medios anunciaron el juicio, y este se puso en marcha. La idea era cobrar una indemnización de mil millones de pesos. ¿Porque pesos? Además, querían prohibir la peligrosa imprenta.

-¡Pero yo no quiero hacer este juicio!
-¡Silencio en la sala, la corte entró en sesión!
-¡Pero yo no quiero hacer este juicio! ¡Es un invento de los medios! ¡Ni siquiera se presentó la demanda!
-Callate, pareces abogado defensor.
-Perdón señor juez.

Recibí visitas de todos. La presidenta Cristina, el Papa Francisco, el Secretario General de la ONU, cuyo nombre ignoro, Adrían Suar, Natalia Oreiro, Pablo Echarri, la banda entera de Trulalá, Marcelo Tinelli, Obama, un par de canadienses, Miroslav Klose, Vladimir Putin (gran sujeto), el fundador de Nokia, el intendente de Cura Brochero y la pibita esa que parte la tierra pero que no lo puedo decir porque es muy jovencita y que ganó ese último reality de Marley, ese donde los cantantes tenían que imitar otros cantantes, por alguna razón. Bueno, recibí llamados de todos, que trataban de convencerme de esto y de aquello, con argumentos de lo más variados y coloridos.

Tras 17 agotadoras jornadas en un juicio en donde en realidad no había demandante, sucedió otro evento extraño. Vi como una araña se comía a una mosca. Al otro día de eso, me desperté temprano para ir a trabajar. Los medios ya no estaban interesados en mi, pero si en el juicio. Pero se había olvidado de mi. Cuando salgo del baño, Pablo Rago estaba en mi cocina.

-Juan, basta de esta tonta demanda.
-¿¡Que haces en mi cocina!?
-En serio Juan, un mundo sin imprenta sería un caos.
-¿¡Porque Pablo Rago está en mi cocina!? ¡Basta de famosos en mi casa!
-¡Juan! Te necesito concentrado. Basta de esta tonta demanda.
-¡Pero si yo no presenté ninguna demanda! ¿¡Que haces acá!?
-Juan, ¿no te has dado cuenta?

Pablo Rago me tomó de los hombros y clavó su mirada en mis ojos. Una sensación extrañísima pero cálida recorrió mi cuerpo. NO PUEDE SER, ¡PABLO RAGO ES EN REALIDAD DIOS! ¡DIOS ESTÁ EN MI COCINA! ¡Y ES PABLO RAGO! ¡Finalmente me di cuenta! ¡Estuvo en mis narices todo el tiempo!

-¡Oh Señor! ¡Perdón! ¡Esta demanda no tiene nada que ver conmigo! ¡Ni siquiera me han llamado a declarar!
-Lo se, pero solo vos podes terminarlo.
-¿Pero como?
-Es muy obvio Juan. No puedo darte todas las respuestas. Espero que pienses en el asunto.

Me dijo eso y se fue. Fue toda una conmoción para mi, pero igual tenía que ir a laburar. Dios no me paga el sueldo. Cuando llegué, estaba Guillermo Andino sentado, esperandomé.

-Juan, tenes que seguir con esta demanda.
-¿Que hace Guillermo Andino acá?
-En serio Juan, un mundo sin imprenta sería un caos, y es justamente lo que necesito.
-¿Perdón?
-¡Juan! Te necesito concentrado. Basta de esta tontería de hacer lo que dice Dios.
-¡Pero si yo...! Momento, ¿como sabes que estuve con Dios?
-Juan, ¿no te has dado cuenta?

Guillermo Andino me tomó de los hombros y clavó su mirada en mis ojos. Una sensación extrañísima recorrió mi cuerpo, pero esta vez, fue espantosa. NO LO PUEDO CREER, ¡GUILLERMO ANDINO ES EL DIABLO! ¡Finalmente me di cuenta! ¡Ahora casi todo cierra!

-¡No lo puedo creer! ¡Igualmente...! Igualmente no tiene nada que ver conmigo la demanda. Pero si de alguna manera la puedo tirar abajo, lo haré.
-No lo hagas Juan, y serás recompensado.
-Nada que provenga de vos me tentará.
-Te prometo una noche con la China Suárez.
-Apa. Momento. No saquemos conclusiones apresurad¿La China Suárez?
-Si.
-¿Una noche entera, o un rato?
-Una noche entera, ella hará lo que sea que le pidas, y además, te daré un estado físico óptimo para aguantar toda la velada.
-¿Y a cambio no tengo que tirar el juicio abajo?
-Exacto.

Pero que dilema. Por un lado, hacer lo correcto, salvar al mundo, y quedar bien con Pablo Rago. Por el otro, sexo con la China Suárez toda la noche haciendo lo que yo le pida, aunque a cambio la humanidad volverá al Neolítico, o a alguna de esas épocas ridículas.

¿Que hacer? ¿Que hacer?

Tras cinco días pensando... Aún no sabía que hacer.

En determinado momento (el juicio a todo esto proseguía, y claro, ¡si en realidad no era nada!), tuve que ir al baño. Mientras estaba sentando, analizando que hacer, DE ATRÁS DE LA CORTINA DE LA DUCHA SALIERON RAGO Y ANDINO, quiero decir, DIOS Y SATANÁS.

-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!
-Juan, es hora de que te decidas.
-La humanidad depende de vos, y nosotros ya no queremos esperar.
-¡Pero es muy difícil, deberían darme una señal, pero están los dos involucrados en una posición muy distinta una de la otra.
-Bueno Guillermo, creo que solo una persona puede ayudar a Juan en este momento.
-No quiero recurrir a ella.
-No hay alternativa, realmente es una decisión difícil.
-Lo se, pero realmente no quiero recurrir a ella.
-¿De quien hablan?
-SILENCIO
-SILENCIO
-Bueno.
-Preparate Juan, es hora de viajar.
-Bueno, dejenmé terminar, ¿no?

Una vez preparado, empezamos el viaje. En realidad eso fue un segundo. Llegamos a una mansión. En el lobby se escuchó una voz femenina: "Los estaba esperando". "Lo sabemos", respondieron al unísono Dios y el Diablo.

-Mirá Juan, solo hay un ser capaz de ayudarte en este momento, un ser que es más poderoso que nosotros dos.
-¿Más poderoso que Dios y el Diablo juntos?
-No, más poderosa por separado.
-¿Poderosa?
-¿Sos imbécil?
-Perdón Satán.
-Vamos Laura, solo vos podes resolver esto.
-¿Laura?

En el lobby había una escalera, y de allí comenzó a bajar ella, la fuerza más poderosa de todo lo que existió, existe y existirá en el Universo y más allá. Ella. Laura Fidalgo.

-¿Es Laura Fidalgo?
-Si.
-¿Y ella es más poderosa que Dios y el Diablo... por separado?
-Así es.
-Claro, ¡ahora si todo tiene sentido! ¡No se puede bailar tan bien de otra manera!
-Juan.
-Si, Laura.
-Vaya, tomaste confianza rápidamente.
-Perdón, eh, ¿como le tengo que decir, eh, Su Santidad?
-Dime Ismael.
-Eh, ah, bueno, eh, bueno, si, está bien, eh, Lau, eh, Ismael.
-Veo que estás en una disyuntiva.
-Si, si La... Ismael, la cosa es que, eh, no se, eh, no se que hacer, digo, que decidir, o sea, digo no, o sea, es como mucha presión, eh, viste, porque no es fácil, es decidir que hacer con el coso, eh, con el mundo, con la humanidad, eh, ponele, o sea, no es fácil, las ofertas son buenas, o sea, si, la humanidad y su futuro, eh, la prosperidad, o sea, digo no, sería lo correcto, eh, pero, eh, la China Suárez, o sea, toda la noche, eh, o sea, no es poca cosa, digo, no es poca cosa, es la China, lomazo, toda la noche, bien dispuesta ella encima, o sea, no se, eh, no se que decidir, o sea...
-Juan.
-Si, Ismael.
-La China coge mal.
-Me quedo con Dios.
-¡Carajo! ¡Por eso no quería recurrir a la Fidalgo!
-¡Juan ha hablado!

Al otro día, di una conferencia de prensa para anunciar que el juicio se cancelaba. Lo extraño es que nadie fue a la conferencia, porque a nadie le importaba ya el asunto, ya que los medios estaban ocupados en los peligros de los gorriones. Igualmente el proceso seguía abierto, y se canceló, aunque como les dije, en realidad nunca debió haber empezado porque nunca autoricé nada.

Pablo Rago me dijo que estaba orgulloso de mi. ¡Que honor! ¡Dios me dijo que estaba orgulloso de mi decisión! Me dio la mano y se fue, ¡que hombre! Pero por detrás, Guillermo Andino no opinaba lo mismo de mi.

-Cagón, me jodiste los planes.
-Bueno, que se yo...
-No, nada, por más mala que sea cogiendo aquella otra, te la volteabas igual, la colgabas de un anaquel y hacías todo vos, lo que sea, no se, pero no, te cagaste, imbécil.
-Bueno, bueno...
-No creas que quedará así todo esto, habrá represalias, y ningún Pablo Rago te podrá ayudar.
-Oh... Bueno...
-Tu castigo será terrible.
-Tengo miedo.
-A partir de este momento... serás vegano.
-¿Que?
-Ya sos vegano.
-¡No! ¡Por favor! ¡Cualquier cosa menos eso! ¡Me gusta la carne y odio los veganos!
-¡Jajajajajajajajajajajaja!
-¡No! ¡Volvé! ¡Hijo de puta! ¡Satanás la concha de tu vieja!

Y así como si nada se fue, dejandomé esta horrible maldición. ¡Pero claro! ¡¿Como no me di cuenta antes?! ¡Los veganos son almas perdidas castigadas por el Diablo, que es Guillermo Andino!

Y así transcurre mi vida ahora. He recibido el peor de los castigos a cambio de salvar la humanidad. ¿Valió la pena? Ayer una mina manejaba un Ford Ka y puteó a un viejito que cruzaba lento la calle por la senda peatonal. No vale la pena para nada que Guillermo Andino te convierta en vegano para salvar a gente así. Encima Pablo Rago no responde mis plegarias ni mis llamados, y Laura Fidalgo me dijo que ella solo interviene en casos de disputa entre Dios y Satán. Mi vida es una cagada. El otro día me compré una boina, para que la gente sepa que tengo una maldición diabólica encima. Carajo, me tendría que haber cogido a la China Suárez lo mismo. Más bien, no tendría que haber ido a ese asado. No, nunca se le dice que no a un asado. Mejor me desquito asesinando a los conductores de aquel programa de la televisión pública... y le hago otro favor al mundo.

No a la viruela.

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